La frustración docente
De acuerdo con La Real Academia de la Lengua Española (RAE) la frustración es un sentimiento de insatisfacción o fracaso. Así mismo, etimológicamente hablando el término "Frustración" proviene del latín "frustatio", que significa llevar a alguien al error y equivocación.
Puede deducirse por lo anterior que sentir frustración implica la decepción por haber fracasado en algo, una meta, un propósito una encomienda con la que se se había asumido.
Dentro de la actividad docente existen muchas situaciones que pueden llevar a un profesor o profesora a sentir frustración, como el poco apoyo de los padres de familia en la educación de los hijos, la falta de recursos, o el poco interés de los propios educandos por el aprendizaje. Empero, existe en particular una que es tan abrasadora que puede llegar a carcomer el ímpetu del docente por la enseñanza, a saber, la pérdida de la libertad de enseñanza. A continuación explico porqué.
La mayoría de los que nos preparamos en una disciplina encaminada a ejercer en la docencia, fuimos motivados por un deseo de mejora, de cambio, lo cual se ve nutrido en nuestra formación universitaria con el aprendizaje sobre métodos de enseñanza, teorías de aprendizaje, modelos educativos, estrategias, técnicas, recursos, autores, críticas, etcétera, que evidentemente nos ayudarán a desempeñarnos en nuestra práctica diaria.
Sin embargo, apenas comenzamos a ejercer nuestra profesión, nos damos cuenta de algo, que todo lo que aprendimos junto con las ideas que uno es capaz de innovar conforme avanza el tiempo, no podrán ser aplicadas.
El hecho de su inaplicabilidad tiene que ver con muchas cosas comenzando con las ideas, prejuicios, complejos, creencias y la ignorancia de aquellos que tienen el poder dentro de las instituciones educativas, lo cual va presionando al docente hasta que este se rinde ante ellos y se encuadra en el molde de su ideal de "buen docente" renunciando a su propio espíritu y su individualidad, para abrazar las aspiraciones de unos pocos.
En este sentido si el docente tiene una idea para abordar un tema tiene que pasar por una serie de personas y fases administrativas para que sea aprobada, si desea implementar un proyecto, este debe cumplir con las características de lo que busca la cabeza con máximo poder en centro educativo, el cual a su vez obedece los intereses de otro con más poder fuera de ella y lamentablemente las características que se le piden al docente para echar a andar sus propuestas suelen ser de carácter comercial por ejemplo; que sean vistosas, llamativas para las redes sociales, con buenas fotos para mostrarle al supervisor, todo perfectamente planeado y cuidado para la presunción. Lo cual termina convirtiéndose en el proyecto de estos otros y no del profesor ni de los alumnos, los cuales, deben ser el centro del quehacer educativo. Para estas autoridades no importa si el proyecto es el adecuado para el estudiante, si con él construirá un aprendizaje significativo o le ayudará a resolver problemas de su vida cotidiana, sino que llene muy bien el formato del proyecto establecido por ellos, con los materiales que ellos ofrecen, con los lineamientos que ellos quieren y sobre todo, con los invitados a quien ellos quieren mostrar el proyecto.
La libertad del docente no solo se reduce por la intromisión inadecuada de algunos, sino también por la propia contradicción en el modus operandi de las instituciones, pues por un lado exhortan al docente a que innove, a que deje las practicas tradicionales en el pasado, que busque distintas formas de enseñar, de gestionar y de evaluar. Pero, son ellas mismas las que siguen haciendo pruebas estandarizadas para evaluar las capacidades de los docentes y de los alumnos, el propio sistema separa a los "buenos" y "malos" estudiantes a través del filtro de lo autoritariamente impuesto. Entonces en ese caso el docente tiene dos opciones, ir contra corriente y conservar su espíritu innovador pese a no encajar con los estándares generales que siguen siendo demasiado cuadrados, llevando a sus estudiantes por un camino de autogestión y libertad o bien, renunciar a su esencia y encajar con dichos estándares, llevándose con él a sus alumnos, lo cuales también terminarán dentro de la caja del "buen estudiante".
En este sentido, la causa que desata la frustración de los profesores es que están constantemente entre un doble discurso. Por un lado el teórico-idealista que intenta motivarlo a ser el mejor entre los mejores, el más innovador, el más creativo, el más entregado, el más preparado, el agente de cambio y por otro lado el de la practica, donde no tiene la libertad para hacerlo.
A todo lo anterior se le suma la precariedad económica en la que viven los profesores, los cuales terminan poniendo de sus recursos para cumplir con los propósitos educativos, reduciendo sus opciones de realización. La crisis social en las que están muchas regiones del país por la inseguridad y la pobreza. La carga administrativa que cada ciclo escolar supera al anterior. La sobreestimulación de los estudiantes en esta era tecnológica y la exigencia social hacia nuestra labor de cumplir con las expectativas que cada padre tiene de lo que significa ser docente.
Todo esto deja imposibilitado al docente para realizar su labor, por lo que le pasa lo que al niño pequeño de la historia de Helen Buckley, el cual al llegar a la escuela fue arrebatado de su ingenio para que aprendiera a hacer lo que la maestra quería que hiciera y así pudiera encajar dentro del molde. Pues así mimo, al docente le es arrebatada su libertad de enseñar de la mejor forma que es capaz de ingeniar para enseñar de la forma que las instituciones y los encargado de estas quieren que enseñen.
Por lo que la frustración viene del echo de no poder cumplir con el objetivo que nos propusimos al prepararnos en la carrera docente, de no poder manifestar aquello de lo que somos capaces de hacer y de no poder contra toda una estructura que nos ata las manos frente a los desafíos actuales.
Asesores Académicos de Zacatecas Zacatecas, Zac., a 31 de marzo del 2024
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